25 mayo 2026

Hablando a la parede - Generación Ya!

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El título al presente artículo lo da un programa de radio en RNE3. Es un programa de música para jóvenes cuyo nombre quiere definir a la juventud de hoy en día: Generación ya. Los chavales lo quieren todo ya, en este preciso instante.  Y creo que no les falta razón. A diario podemos ver situaciones en las que los chavales necesitan todo al instante, no pueden ni quieren esperar. Pero si pensamos un poco, si intentamos hacer un poco de memoria, veremos que nosotros, a su edad también éramos así ¿recordáis la frustración de los anuncios cuando veíamos una película? ¿y el cabreo con aquel amigo que siempre llegaba tarde? ¿la desesperación cuando tenías que esperar horas pegado a la radio con el dedo en el botón de grabar para pillar tu canción en la cinta? ¿esperar el sábado para ver los dibujos animados. Solo el sábado. Si te lo perdías, se perdía para siempre? ¿Se imaginan buscar en aquellas enormes enciclopedias toda la información que ahora tenemos a un click de distancia? ¿y la frustración de rebobinar una cinta con un boli Bic?- Y así tantas y tantas cosas.

Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿por qué lo llaman generación ya si nosotros también lo queríamos todo igual de rápido? Muchos de ustedes ya tendrán la respuesta: la diferencia no es que nosotros supiéramos esperar mejor, sino que no teníamos alternativa. La espera nos venía impuesta desde fuera. Es difícil acordarse, pero estén seguros que cuando estuvieron tanto tiempo esperando escuchando la radio para grabar aquella canción favorita, descubrieron otras que les gustaron tanto o más. Que mientras esperaban a un amigo hubo en algún momento algún hecho que le descubriera algo asombroso que de no ser por la espera no hubiera ocurrido. A los jóvenes de hoy la tecnología les ha quitado esa imposición externa, y nadie les ha enseñado a generarla desde dentro. La cuestión no es que sean más impacientes, es que nunca han tenido que entrenar la espera porque el mundo no se la exige. 

Siguiente pregunta ¿es un problema que no sepan esperar? Bajo mi punto de vista sí. En otro artículo hablé de la frustración y cómo la utilizo en el aula para que mis alumnos aprendan y los beneficios de la misma. Cuando no tienes algo al instante se produce cierta frustración y ello favorece la tolerancia a la misma. Evitarlo mediante la sobreprotección impide el desarrollo de estrategias adecuadas para una buena gestión emocional y conduce a problemas de autoestima. Es decir, el malestar de esperar no es un problema a resolver, es un entrenamiento. Pero claro, la paciencia es una virtud anticuada, no se ven los beneficios de la misma porque son a largo plazo y a corto solo se ve frustración, aburrimiento,... “dolor”.

Y ahora vamos con lo polémico: La era digital ha reducido los tiempos de espera y ha hecho que los jóvenes se acostumbren a la gratificación instantánea, disminuyendo su capacidad para tolerar la frustración. Nosotros también queríamos las cosas ya, pero el mundo nos obligaba a esperar. A ellos el mundo ya no les obliga, y nadie les ha enseñado a hacerlo desde dentro.

Y hay más, obtenemos beneficios a largo plazo debido a la frustración que nos genera la espera, ya que apartamos la atención consciente del entorno y entonces, regiones profundas del cerebro asumen tareas como la reorganización de recuerdos y el procesamiento de emociones, lo que impulsa el desarrollo creativo.

Michael Ende, en su novela Momo, imaginó unos seres llamados hombres grises que robaban el tiempo a las personas convenciéndolas de que debían ahorrarlo, de que la lentitud era un lujo que no podían permitirse. El resultado era que la gente dejaba de escuchar, de jugar, de contemplar. Se volvían rápidos y vacíos. No era ciencia ficción: era una profecía.

Ya hemos visto los perjuicios de la inmediatez en nuestros jóvenes, o mejor dicho, los beneficios de la espera. Pero hay más a nivel social: Los aficionados a las aves recogen miles de datos en todo el mundo que sirven para estudiar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y esto requiere silencio, inmovilidad, paciencia, y agudeza. Los apicultores no pueden apresurar a las abejas, y ya sabemos que sin las abejas desaparecería un tercio de la producción de alimentos en todo el mundo. Los aficionados a la astronomía descubren infinidad de cometas y asteroides estando noches enteras observando el cielo. El voluntario con un enfermo mental crónico que no sabe si algún día tendrá éxito la terapia que está siguiendo. La restauración de obras de arte. Aprender a tocar un violín. Leer un libro… todas estas actividades tienen en común que producen algo que no puede fabricarse deprisa. Y que una generación incapaz de esperar no solo se perjudica a sí misma, sino que deja de hacer las cosas que el mundo más necesita: las lentas.

Con esto, uno llega a la conclusión de que esperar no es perder el tiempo, es ganarlo por dentro y para fuera.