30 septiembre 2025

HABLANDO A LA PARED – FRUSTRACIÓN

COMPARTE»»

 Imágenes de Frustracion dibujos animados - Descarga gratuita ...

Quizás el artículo que van a leer en las siguientes líneas pueda parecerles un poco polémico, pero les propongo que hagan el ejercicio de cuestionarse sus propias creencias.

El sentimiento de frustración es sinónimo de fracaso, no llegar a conseguir un objetivo, una meta. Sin duda es algo negativo y, por lo tanto, el ser humano lo desprecia, lo aleja todo lo que puede, al menos eso es lo que parece que sucede en la sociedad actual. Pero ¿esto siempre ha sido así? Es probable que este sentimiento negativo haya sido desagradable a lo largo de toda la historia del ser humano, pero también creo que nunca ha sido tan apartado de la vida cotidiana como lo es en la época actual. No imagino a un neandertal (incluso antes) desistiendo de hacer fuego porque después de media hora haciendo chispas no se le encendiera la hoguera, o aquel de los primeros agricultores que después de poner cientos de semillas vea como una riada del Nilo se las lleva y dejara de poner en la siguiente estación porque ha visto frustradas sus intenciones. O imaginen ese primer arquitecto del medievo que está harto de ver siempre los arcos de medio punto en las ventanas y que quiere hacer otro para que entre más luz en las iglesias ¿cuántas veces se le tuvo que caer el arco hasta llegar al arco apuntado característico del gótico? Y si nos acercamos un poco más a la época actual ¿la NASA dejó de cejar en su intento de llegar a la luna después del fracaso del Apolo 1 y el Apolo 2? Pues no, y no fue hasta el 11 que no logró el objetivo.

Por paradójico que parezca, la frustración y el fracaso es una de las fuentes de crecimiento del ser humano. Sería algo así como echar el pié hacia atrás para coger impulso, o regresar a un punto de partida para tener una mejor visión del problema que hay que solucionar. Sin embargo, hoy en día la frustración la evitamos a toda costa. Huimos de cualquier clase de dolor, y la frustración lo es… pero solo al principio. Y esto sucede porque nos fijamos en el fin, en el objeto realizado y no en todo el camino que tenemos que recorrer. Y ya no solo eso, es que si vemos una pequeña posibilidad de fracaso ni emprendemos el viaje, no vaya a ser que nos genere un pequeño dolor.


Es lícito no soportar ver a nuestros hijos e hijas sufrir pero esto nos ha llevado a impedir que experimenten cualquier tipo de dolor y esto incluye el fracaso y la frustración. Pongo el ejemplo que más conozco, el instituto: como padres y madres estudiamos para poder explicarles, les ayudamos con las tareas (algunos incluso se las hacemos), vamos a tutorías para saber cuáles son los criterios de evaluación, presentamos alegaciones, nos enfurecemos con los profesores si suspende nuestro hijo, hacemos sus matrículas decidiendo las materias optativas en las que menos vayan a sufrir y si pudiéramos nos presentaríamos nosotros a los exámenes.

Como decía, es lícito sufrir cuando vemos la frustración en nuestros hijos, pero ¿es lícito impedirles este sentimiento? Si no aprenden ahora a frustrarse y saber que a veces el esfuerzo no tiene la recompensa esperada en el momento esperado, cuando sean mayores únicamente estarán capacitados para hacer aquello que les agrade porque todo lo que les genere cierto dolor lo desecharán, no serán capaces de enfrentarse a ello. En mis clases, y aquí entra parte de la polémica, les pido que me hagan cosas que sé que no saben hacer, les digo que se busquen la vida, que yo no les voy a ayudar. Por supuesto les impido que usen inteligencias artificiales y, en muchas ocasiones, incluso internet, “entonces” me dicen “cómo vamos a hacerlo”, yo levanto los hombros y les digo que no tengo ni idea. Durante los cinco primeros minutos, a veces más, afloran la frustración, la desidia, las quejas e incluso cabreos, intentos de dejarlo estar, etc. Sin embargo, al cabo de unos pocos minutos esa indignación inicial da paso a un pequeño interés, alguno de ellos ha encontrado algo: un camino, una pequeña luz, un avance hacia algo que, probablemente, no sea la solución correcta. Sin embargo han logrado algo, no saben muy bien el qué, descubren que no es lo correcto, vuelve la frustración, pero esta vez dura menos, se ponen otra vez en marcha, logran descubrir otra cosa, tampoco es lo correcto, se acaba la clase, no han logrado lo que les he pedido, al día siguiente volverán a intentarlo, alguno de ellos viene diciendo que lo ha intentado en clase y que le ha salido algo parecido, todos quieren copiarse y ver cómo lo ha hecho, tampoco está bien, se frustran, dicen que es imposible, y probablemente lo sea para ellos, pero les digo que lo vuelvan a intentar. Me hacen caso y se sientan. Entonces sonrío satisfecho porque mis alumnos acaban de conseguir algo de lo que no son conscientes y de lo que la sociedad actuales les está privando constantemente: la aceptación de la frustración. Desde luego no voy a dar consejos como padre o madre pero sí que les pido que acepten mi metodología como profesor, les garantizo que la lección que aprendan será mayor que cualquier de los temas que pueda explicar.

NOTA: Este artículo se publica en el periódico gratuito "la afluencia del jalón