Un adolescente busca referencias, una autoridad que le guie, no al estilo dictatorial, pero sí una persona segura que le diga qué esta bien y qué está mal, que tenga la capacidad de imponer unas consecuencias a unos actos, esa persona en la que su subconsciente se fije cuando tenga que tomar una decisión y no tenga ni idea de qué hacer. Como habrán adivinado, ese referente es la familia, pero ¿qué es lo que pasa? Pues que están cambiando las relaciones paterno filiales y ahora nuestros hijos e hijas ya no son responsables de nada, nuestros niños son muy buenos, estudian mucho, son incapaces de insultar, faltar al respeto, robar, pegar, beber, fumar,… y como somos incapaces de ver que hacen todo esto (y mucho más), pues no imponemos consecuencias a estos actos y aquel referente que les imponía una sanción a ciertos actos, se ha convertido en su abogado de oficio defendiéndolo de lo indefendible.
He aquí el primer error que estamos cometiendo. El segundo tiene que ver con otro sujeto, el que imponía su autoridad por su cantidad y curiosidad por el conocimientos, rapidez de respuestas, comprensión del mundo que les rodea e incluso sabe encauzar la energía desbordante de un adolescente en trabajo productivo, en aprendizaje profundo y expresión cultural de la belleza. Sí, somos los maestros y maestras, pero no aquel que nos tiraba der las orejas o nos imponía castigos desmesurados, me refiero a aquellos que eran capaces de comprender que un día malo lo tiene cualquiera (y más en la adolescencia), que te sonreía pero que también te hacía ver que había límites que no podías pasar. Ahora los maestros lo tenemos difícil para ejercer así por dos razones fundamentales: no tenemos aquella capacidad intelectual, de humildad y de conocimientos que poseían aquellas personas del renacimiento, las cuales sabían de todo y mucho; y no tenemos el apoyo de las otras autoridades, las familias..
Pero no se preocupen, los adolescentes, por definición, buscan estos referentes autoritarios que les digan qué está bien y qué está mal. No quieren que les justifiquen ni que les perdonen, tampoco quieren un profesor que les de “la chapa” sobre un tema y no sepa contestarle cuando le hace una pregunta que nada tiene que ver. El problema es que sino somos las familias o la escuela, acaban encontrando estos referentes donde no deben, como dice la jueza Natalia Velilla, lo acaban encontrando en las celebritas, aquellas personas que casi lo único que tienen es su popularidad, que no destacan por su conocimiento ni por el acercamiento emocional, sino simplemente porque son famosas, que opinan de todo aun sin saber de nada, que difunden bulos y que en muchas ocasiones acaban haciendo daño a otros con tal de permanecer en la parte alta de los más vistos en redes sociales, televisión, etc.
De la autoridad que ejerzamos con nuestros hijos e hijas desde diferentes puntos de esta sociedad (familia o escuela), dependerá que sepan interpretar este mundo y convivir con sus iguales. Si no somos capaces de mostrarles las consecuencias de sus actos; Si el maestro no empieza a ejercer como tal: comprender, incentivar la curiosidad, respetar y no solo enseñar; pensarán que no hay consecuencias y tendremos verdaderos tiranos, perdidos, incapaces de manejar situaciones adversas por sí solos, infantiles, creyéndose en posesión de la verdad siempre.
Estas dos autoridades tenemos que ponernos a cambiar nuestra manera de tratarlos cuanto antes y a la vez. Yo ya lo he hecho...
NOTA: Este artículo se publica en el periódico gratuito "la afluencia del jalón"
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