Llegadas estas fechas y, como educador que soy, me veo en la obligación de sacar el tema por excelencia, ¡Los regalos de Navidad!, pero centrándome en lo que les llega a los adolescentes.
Hay regalos que no aceptan críticas porque se han convertido en uno más de la familia, véase: video consolas, relojes digitales, auriculares bluetooth, tablet y, como no podía ser menos, teléfonos móviles que, para algunos, será su primer teléfono. A otros les llega el permiso para crearse una cuenta de Tik Tok o de Instagram o incluso una suscripción para toda la familia a Netflix, Spotify, etc.
Luego tenemos la ropa: chandals, sudaderas, gorras, mochilas, abrigos, gorros, zapatillas,… lo que sea pero de color negro; no me pregunten por qué, pero llevamos unos años que a nuestros adolescentes les encanta vestir todos los días de luto (a veces, para sentirme bien, pienso que lo hacen porque son conscientes de que ha muerto el respeto, el esfuerzo, la crítica,… pero está claro que no).
Añadimos unos complementos y accesorios para sentirnos más guapos y guapas: gafas de sol, un kit de skincare (algo así para mantener la piel fina y bonita), alguna pulsera o anillo, uñas postizas,…
No me olvido del mejor regalo de todos, el que nunca falla, con el que aciertas seguro mientras sea muy grande, el más impersonal pero el que más adeptos tiene, eso sí, no da sorpresa, ni para bien ni para mal… hablo del bendecido dinero. Con él puedes hacer realidad cualquier regalo con el que estés soñando, incluidos los que más de moda están ahora aunque no por ello ilegales “vápers”.
Estos son los más populares, pero hay chavales que pertenecen a familias muy extrañas que reciben regalos que pueden ayudarles a crecer como personas: libros, instrumentos musicales, juegos de mesa, kits de experimentos, un telescopio o microscopio, cuadernos para pintar o dibujar, entradas para un musical o el teatro… Pero con estos regalos hay que tener mucho cuidado porque un libro puede convertirse en un arma arrojadiza para un adolescente que no esté acostumbrado a recibirlos.
Llevo tiempo pensando que los regalos de Navidad no sirven para mucho sino es más que para gastar dinero, para sentir esa falsa felicidad que da el comprar algo y para que los adolescentes nos dejen en paz mientras usan sus dispositivos electrónicos. No solo es en Navidad, también es para las confirmaciones, para los cumpleaños, el día de San Valentín,…
Ojalá entendiéramos los regalos como una manera de estar dándonos a la otra persona, de que hemos estado pensando en ella, que la conocemos tanto que sabemos sus necesidades, lo que le gusta, lo que le emociona, en lo que sueña…
Si viéramos los regalos de esta manera no los haríamos exclusivamente en Navidad u otras fechas señaladas, sino cuando de verdad fuera necesario, cuando menos se lo espera. Imagínense levantarse un día de mayo y regalar una flor que has cogido en el campo a la persona que tienes al lado porque sabes que eso le va a hacer feliz y llevas unos días viéndola triste. No hace falta que conteste a la pregunta de qué le va a hacer más feliz, si esta flor o una tablet.
Es inevitable regalar cosas en Navidad, no hacerlo sería de bichos raros, de Grinch. Tampoco digo de no hacer estos regalos ya que son tan esperados que no recibirlos se vería casi como una ofensa. Pero quizás podríamos empezar a regalar además cosas no tan materiales y sin que sean la recompensa de algo, por ejemplo: Tarjeta regalo vale por un abrazo cuando quieras y las veces que quieras, vale por un paseo por el monte un sábado por la mañana, vale por una semana sin hacer la cama ni recoger la habitación (mantener la puerta cerrada para no asustarse), vale por una clase de cocina para aprender a hacer macarrones con tomate gratinados, vale por una tarde de domingo con merienda y cine, vale por una fiesta con tus amigos en casa y los padres seremos los camareros y cocineros; también podemos regalar dos tarjetas, una de color rojo que cada vez que la enseñes tus padres te tienen que dejar en paz y una de color verde para decir que quieres contar algo importante y quieres ser escuchado; vale para elegir un día al año de no ir al instituto,… Para hacer estos regalos hay que ser muy valiente, hay que romper con tradiciones, con el dejarse llevar,… y si los vuelves a leer veréis que todas tienen algo en común: estaremos regalando tiempo a nuestros hijos.

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